7.15.2009

Ya Esta el Libro

Agustín Aguirre autor del blog "El Bobero" entre otros,escribió su primer libro, soy fanática vitalicia de su obra y lo recomiendo:
En facebook dice
Es un honor para mí contarles que este blog, se hizo papel. Aunque suene diplomático y demagogo, siento que no es mi creación, sino la nuestra, la de todos los que participan, construyen, dan ideas, y comentan.

Por que al fin y al cabo, ¿Cuántas cosas he escrito a pedido? ¿Cuántas verdades absolutas han salido de ustedes? ¿Cómo podría ser libro, sino hubiese tenido previamente lectores?

Por eso, considero este libro una creación mutua, y estoy eternamente agradecido a las personas que me leen y comentan, y a las que prefieren hacerlo en silencio.

Les comparto aquí abajo el prologo del libro, y también les cuento que el mismo tiene un prologo escrito por Hernán Casciari, y la portadilla de Carolina Aguirre.

A partir de hoy, puede conseguirse en librerías de Capital Federal, y en las cadenas Yenny, el Ateneo, etc.

Gracias a Todos.




INTRODUCCIÓN

Para mí, El bobero, además de ser mi primer libro, significa lo que un buen abogado para un hombre inocente: un poco de justicia.

Es, por un lado, una colección de denuncias, de ideas, de reflexiones acerca de la mediocridad cotidiana, de la moral pre-establecida, de las costumbres sociales tontas y de algunos personajes nefastos que encontramos en la vida diaria, pero por el otro también un manifiesto contra la existencia gris y mediocre que nos propone la sociedad hoy en día.

Sé que quizás sea juzgado por quienes no se atreven a cuestionar la vida que tienen. Que muchos dirán que soy cruel, incorrecto, antisocial, incluso maleducado. Y quizás sea cierto. Para la vida que ellos tienen, para su pobre ética de oficinista amargado, quizás yo sea un delirante.

Desgraciadamente, el mundo está hecho para vivir la vida en un solo carril. Las calles, los shoppings, los trabajos, las relaciones, y hasta las tarjetas navideñas están hechas para la gente gris y mediocre que va del trabajo a la casa, partiéndose el lomo para pagar el gas, ver a la familia “sanita”, y morirse de un infarto a los 56 sin haberse cuestionado si esa era la vida que hubiese querido tener.

Todo es recto, plano, normal, común, seco, e impropio. Por que pertenece a la creación de las masas, de antaño y de futuro. Y todo aquel que quiera hacer algo distinto, es, para estos mediocres, considerado un hereje, un transgresor, y por que no, un idiota también.

Sin embargo, a pesar de que me han querido doblegar y arrastrar desde que soy muy chico, yo nunca cedí. Siempre viví al límite de los límites, siempre seguí mi carril, siempre arriesgué, cuestioné y derribé incluso lo incuestionable. Y no por rebeldía. Sino porque me hace feliz vivir a contramano de quienes creen que la vida tiene un solo carril, y me da gusto publicar un libro a costillas de la indignación y la aberración de quienes temen que mis ideas tomen importancia por miedo a tener que modificar sus vidas.

Quizás suene pedante, pero entiendo este pequeño catalogo de locuras como un guiño de ojos, una palmada en la espalda, y una palabra de aliento para aquellas personas que se sienten culpables por reírse de una vieja que se cae al piso, de un amigo de buen corazón pero amarrete o simplemente temen elegir una carrera poco redituable por miedo a ser considerado un fracasado.

Eso es El bobero. Un catálogo, un diario, o una carta de apoyo para aquellos que nos dimos el gusto de elegir el destino de nuestras vidas.

Como digo siempre, si no se vive como se piensa, se piensa como se vive. Y yo no quiero adaptar lo que pienso a la vida que me tocó. No existe tristeza más grande que el destino de una montaña de hojas secas y de un río que, como ya está muerto, no tienen más opción que seguir el ritmo que marca el viento.

Agustín Aguirre

7.14.2009

Piazzolla

Además de ser un personaje anfibio entre lo supuestamente alto y lo popular, además de estar siempre a caballo entre el margen y el centro, Piazzolla encarnó toda su vida la contradicción de querer ser inmensamente vanguardista y, a la vez, lo más aceptado posible con ese mismo vanguardismo; quiere todo y se enoja con la gente cuando no lo escuchan”

“Lo cierto es que nunca le fue mal: cambiaba todo el tiempo de sello discográfico y cada vez le pagaban más dinero: él sobreactúa su adversidad, los otros sobreactúan la mirada de él como el mal y todo se sobreactúa y sobredimensiona en una especie de gran esperpento de tergiversaciones y malentendidos”

Algunos malentendidos son forzados, otros son forzosos y otros, involuntarios. Piazzolla no era bueno con los nombres: decía “escuché un disco”, “estuve con tal músico de jazz” que, por ahí, no existía. Tenía esas cosas, pero no había ahí una intención de darse aires sino que se olvidaba. Yo creo que los malentendidos son inevitables y, a veces, los creadores juegan con eso, pero yo no sé si Piazzolla era tan consciente: la propia figura de Boulanger (la profesora francesa que, luego de escucharlo ejecutar “Triunfal” al piano, lo interrumpió para sentenciarle “no abandone jamás esto, ésta es su música, aquí está Piazzolla”) es un gran malentendido: no era la gran maestra prestigiosa en ese momento pero sí la tipa que terminó dándole a él, de forma inesperada, una lección que lo marcó y lo envió hacia donde correspondía aunque sin las características elegíacas que los biógrafos le dieron.

Sí, también el título apunta a tratar de entender el mal, porque Piazzolla es puesto en el lugar del mal: es el hombre que viene a enterrar al tango, aun cuando el tango en el sentido más pacato ya estaba enterrado solo y, en todo caso, él no era otra cosa que un mensajero de esa muerte.
Ese también es otro gran malentendido.

Por supuesto, el error de algunos de creer que la música rioplatense había vivido una época de oro de más de tres mil años y que, de repente, alguien lo mata desde afuera, cuando el tango tuvo un proceso de formación muy breve. Es más, el rock hoy tiene más años de decadencia que el tango y nadie lo dice. La prueba es que para la generación de los ’70, el tipo que se remitía a los ’40 o ’50 era objeto de mofa, y hoy Pedro y Pablo se vuelven a juntar para cantar “Yo vivo en una ciudad”, y ese tema que ya tiene cuarenta años sigue siendo una de las mejores canciones de rock, con lo cual ahí tenés la pauta de que pasó muy poco. Es un error reclamar una vigencia tan prolongada a un género popular y, en esa época, había muchos debates sin sentido con personajes que parecían vivir en frascos de formol, como las imágenes de La invención de Morel. Los interlocutores de Piazzolla eran Soldán, Neustadt, porque él, con cierta astucia, evitaba las discusiones reales, él elegía como contendiente a un ignoto cantante de tango como Héctor Varela...

Era tremendo, en vivo era una máquina, lo vi mucho durante la última dictadura en el Teatro San Martín. En ese momento dejábamos de escuchar rock y queríamos otra cosa, él significó esa puerta de entrada a lo otro.

Un amigo mío se acuerda de que fuimos a verlo en el ’75 o ’76 con el grupo electrónico y dice que yo salí furioso, abollé el programa y dije “este hijo de puta a mí no me miente más”. La verdad que no me acuerdo mucho de lo que habré escuchado entonces





Biografía no astorizada

7.13.2009

Notas de revista Ñ de Clarin

La TV que supera al cine

En los últimos años, la producción televisiva apostó a la revisión de los grandes géneros cinematográficos, al punto de superar en calidad y complejidad narrativa a muchos largometrajes de Hollywood. ¿El resultado? Grandes series como Los Sopranos, Lost y Six feet under y una fiebre de espectadores como no se ve desde los años 60. Aquí, un recorrido por las mejores ficciones de la pantalla chica actual.


Viaje alrededor del año 2008 en la mirada de 400 fotógrafos
La violencia, el juicio a Menéndez y el conflicto del campo dominan esta edición, que se puede ver en el Palais de Glace, hasta el 26 de julio.


Umberto Eco: "El problema de Italia no es Berlusconi, sino los italianos"
El autor de El nombre de la rosa cargó otra vez con sus compatriotas. Dice que es una sociedad "enferma" y defiende la libertad de prensa frente a los ataques de Berlusconi a algunos medios de comunicación.

David Camus, nieto de Albert Camus, presenta su primera novela
El escritor admitió sentir cierto "agobio" por "el peso de la herencia" literaria de su abuelo y aseguró haber asumido una "enorme" responsabilidad " a la hora de publicar su primera obra.

Paula Sibilia: "El cuerpo es la nueva utopía"
En sintonía con la línea de su investigación anterior –la intimidad ofrecida como espectáculo–, la antropóloga y docente argentina pone el foco ahora en el cuerpo y las nuevas maneras de mostrarlo.

LUCAS LANUSSE

En su libro Sembrando vientos, explora las responsabilidades en la expansión de la violencia que sacudió al país entre 1955 y 1973. “Ni las Fuerzas Armadas ni los partidos políticos antiperonistas le encontraron la vuelta a un país ingobernable”



–¿En el bombardeo a la Plaza en 1955 está el huevo de la serpiente?

–Sí, es así. Algunos me han planteado que tal como está desarrollado ese capítulo parecería que fue el peronismo el responsable de la violencia. El libro iba a comenzar con los bombardeos, pero me pareció que si no contaba la historia de la década previa era muy difícil, era muy abrupto arrancar con las bombas. La desmesura, la criminalidad de los bombardeos, claramente inaugura la violencia política en el país. Y esto no lo digo solamente yo, sino todos los estudiosos del período. Esos bombardeos superaron lo conocido hasta entonces y abrieron una etapa en la que realmente parecía que todo valía.

–Aunque dice que los historiadores no dudan en afirmar que con los bombardeos comienza la violencia, parecería que aún hoy, sotto voce porque es incorrecto asumirlo en voz alta, se sigue “legitimando” ese bombardeo en tanto se piensa que el peronismo es violento, pero las clases medias están como inmunizadas.

–Ese es el núcleo central del libro. Todos parecen tener la excusa perfecta. Aun hoy, cuando leés algunos documentos, te sorprende la manera en que ellos creen que esos bombardeos estuvieron bien, que lo que hicieron no fue criminal. Pero ahí están los hechos y son incontrastables. En los capítulos del libro se cuentan episodios de la historia argentina donde hubo muertes, sangre, irracionalidad, grandes dosis de locura, y todos tienen entre comillas la justificación perfecta. Ningún peronista puede discutir el discurso de Perón del 31 de agosto de 1955, que fue una animalada, de una irresponsabilidad tremenda, por más que estén inscriptos dentro del bombardeo de la Plaza de Mayo. Muchas veces las mejores fuentes son las de los propios protagonistas. La descripción que hace de la jornada del 16 de junio Isidoro Ruiz Moreno en La revolución del ’55 es tan apestosamente elitista y tan transparente en cuanto a que le importaban tres mierdas la vida entre comillas de esos negros, que ese relato es francamente escalofriante.


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7.12.2009

Aníbal Pichuco Troilo



11 de julio de 1914 - 18 de mayo de 1975

Bandoneón
"Antes de ponerme el fuelle en las rodillas me ponía la almohada de la cama. Hasta que un día fuimos a un pic nic en lo que había sido el viejo Hipódromo nacional. Habían llevado a dos bandonenistas y tres guitarras, y cuando se fueron a comer yo subí unos escalones, agarré un bandoneón y me lo puse en las rodillas. Esa fue la primera vez. Yo tendría nueve años." (Aníbal Troilo)

El Tango
"No hay tango viejo ni tango nuevo. El tango es uno sólo. Tal vez la única diferencia está en los que lo hacen bien y los que lo hacen mal." (Aníbal Troilo)


Buenos Aires
"De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas... Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche... Que es la mujer, el amigo... Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas... Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires." (Aníbal Troilo)

La Calle
"La calle es el mejor lugar de todos. Se aprende. En el hogar se aprende la educación, pero en la calle se aprende a vivir... y si no me lo digan a mí. Todo lo que aprendí, lo poco y extraño que aprendí, lo aprendí en la calle." (Aníbal Troilo)


La calle Corrientes
"En la calle Corrientes yo trabajé en dos lugares y muy distintos: en el Germinal y en el Tibidabo. En el viejo café Germinal debuté con Juan Maglio Pacho. Fue una rentré que hizo él después de muchos años sin trabajar. Imagine en la calle Corrientes, angosta, los carteles anunciando a Pacho. El no tocaba, la orquesta se la formé yo con elementos como Héctor Lagnafietta; el cantor era Antonio Maida y otros muchachos como Guisado... Se volcó todo Mataderos, la provincia, había gente hasta en la vereda de enfrente, no podían pasar los tranvías..."(Aníbal Troilo)

Con el alma
-Por qué cuando coloca su paño de terciopelo sobre las rodillas y toma su bandoneón entrecierra los ojos?
- Honestamente no sabría explicarlo. Posiblemente sea porque me meto adentro de mí mismo. Yo creo que todos los artistas tienen que entregarse cuando hacen algo.

Respeto
Hay cosas que tienen que ser fundamentales en un hombre: la bonhomía y el repeto. El respeto sobre todas las cosas. Yo tenía 17 años y trabajaba en un cabaret. sabe cómo les decía a las bailarinas? Cómo está señora? Señora, les decía... (Aníbal Troilo)



Troilo por Troilo
- ¿Cómo se portó el mundo contigo?
- Maravillosamente. Me dio la madre más linda del mundo y no sé cuantos amigos.
- ¿Y vos, cómo te portaste con el mundo?
- A veces mal. Fueron las veces que me porté mal con Aníbal Troilo.
- ¿Qué pensás de Aníbal Troilo?
- Que es una buena persona, amiga en el dolor, y con una gran pretención: la de darse cuenta alguna vez de que hizo algo importante en su vida.
- ¿Qué harías si desapareciera el tango?
- Creo que me moriría.
(Aníbal Troilo)



Anhelo
"Yo sé que la gente me quiere... No sé si soy un ídolo... Por otra parte, no soy tan vanidoso como para creerme eso... ¿Buenos Aires? No, que voy a ser Buenos Aires... Pero yo quisiera ser media calle de un barrio cualquiera de mi ciudad..." (Aníbal Troilo)

Amigos
"Sí, son emociones que se van juntando y juntando, y tengo tantas! Por ejemplo aquel 19 de febrero, cuando cumplí 40 años de vida artística y me hicieron aquella vieja en el Luna Park, algo inolvidable... Todos mis amigos, todos estaban allí: Cátulo Castillo, Mercedes Simone, Tania, Roberto Ruffino... A veces piendo que habría sido de mí sin el cariño de mis amigos. A alguna gente le llama la atención que sea tan afectuosos con ellos, que nos abracemos y por ahí hasta nos demos un beso, pero ¡eso es cariño de hombre a hombre! hay que comprender que soy un hombre simple pero muy afectivo..." (Aníbal Troilo)

Responso
"Hay algunos temas que son mis preferidos, mejor dicho los que más quiero: Sur y Responso... Responso salió una noche que estábamos en mi casa; había una gente ahí jugando al bacará y yo, no sé... no sentía que estaba ahí. Eran las 4 de la madrugada, y de repente agarré, me fui a mi habitación y empecé a tocar unas notas, así hasta que salió Responso. Creo que era el mejor homenaje que podíamos hacerle a Homero." (Aníbal Troilo)

"Cuando volvía a Buenos Aires inauguré con mi conjunto electrónico un hermoso lugar que se llamaba La Ciudad. Una noche vino Zita y me regaló uno de los bandoneones que tenía el Gordo. Fue una de las emociones más lindas de mi vida". Astor Piazzolla

Con Pugliese, como cuando era pibe
Las circunstancias hicieron posible este reencuentro. Osvaldo Pedro Pugliese en el piano, Aníbal Carmelo Troilo en el bandoneón. Esto fue en la década del 60 y la televisión fue, por suerte, la culpable. Más de tres décadas antes, un Troilo que iba en camino de convertirse en Pichuco acercó su bandoneón y sus 16 años al sexteto que dirigían Osvaldo Pugliese, y Elvino Vardaro. Los años convertirían a los tres, Pugliese, Troilo y Vardaro, en protagonistas de los mejores momentos de la historia del tango.

"Si uno escucha a Troilo desde su origen hasta el final, ve una evolución muy marcada, constante, en su forma de expresar la música y de vincularse con ella. Piazzolla, en cambio, arrancó en quinta velocidad y siguió en quinta."
Hermenegildo Sábat


Lastima, bandoneón,
mi corazon
tu ronca maldición maleva...
Tu lágrima de ron
me lleva
hacia el hondo bajo fondo
donde el barro se subleva.
¡Ya sé, no me digás, tenés razón!,
la vida es una herida absurda,
y es todo, todo tan fugaz
que es una curda, ¡nada más!
mi confesión.