22 feb 2009

Aelita

La australiana Aelita Andre tiene dos años y sus obras ya cotizan en una galería de Melbourne. Se prepara para su primera exposición individual



Nikka Kalashnikova fotografa y madre de la pequeña ocultó al galerista en un primer momento la verdadera autoría de aquellos lienzos porque quería que su hija "fuera juzgada por sus propios méritos".

El catedrático de psiquiatría infantil Jaime Rodríguez Sacristán,a pedido de el pais analizo un video de la artista. "Lo que resulta difícil de creer es que antes de empezar a andar se pueda hacer algo con un valor artístico y formal".

Mark Jamieson, el galerista que ha puesto a la venta sus obras, ha defendido el valor artístico de su representada en declaraciones al periódico australiano The Age: "Es difícil juzgar el arte abstracto. Existe una aproximación formal y otra de forma libre que proviene de una base más intuitiva. Y si pensamos en esta última, quizá alguien de dos años pueda hacerlo también como alguien de 30". Lo que Jamieson no ha consentido es responder a El País Semanal sobre cuánto dinero se ha embolsado por la venta de estos cuadros en su galería, ni mucho menos pronunciarse sobre la posibilidad de que todo esto no sea más que una operación de marketing en la que él haya podido participar.

El director del Museo Nacional Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, sí tiene una opinión sobre esta última cuestión: "A mí, esto me parece una clarísima estrategia de marketing, como la que ha podido realizar Damien Hirst al saltarse a los galeristas y poner su obra a la venta directamente en una casa de subastas. Y en estos artistas, el resultado suele ser más comercial que bueno". Borja-Villel también tiene respuesta para la afirmación de Jamieson sobre el arte contemporáneo: "Su argumento es erróneo, ya que no hay arte bueno que no sea culto; yo mismo llevé al Macba una exposición con obras de la colección Prinzhorn realizadas por enfermos mentales que, junto a los niños y a otras personas al margen de la sociedad, se convertirían en exponentes del art-brut. Lo bueno que puede tener el arte infantil es que su creación se halla aculturada, y lo que en este caso podría derivar en el desarrollo de unas aptitudes interesantes corre el riesgo de acabar reducido a un pequeño monstruo. Si el mercado ha sido capaz de destrozar carreras de artistas consolidados, me parece peligroso que toda esa maquinaria entre en la esfera de esta niña. Me provoca miedo. Y me da pena".

El escritor Carl Honoré, de 41 años, ha dedicado su último libro, Bajo presión (RBA), a analizar cómo educamos a nuestros hijos en un mundo hiperexigente. Una historia sobre por qué los adultos siempre tienden a controlarlo todo, sobre cómo han secuestrado la infancia de los niños de una forma nunca vista hasta ahora. La idea del argumento le sobrevino cuando una profesora le dijo un día que su hijo de siete años era un joven artista superdotado. "Pronunció la palabra mágica: superdotado. Se usa con demasiada alegría, cuando en realidad hay muy poca gente que la merezca. Sentí un vértigo terrible", recuerda Honoré por teléfono desde su casa de Londres. "Todos podemos perder la orientación en cualquier momento. Decir eso a un padre moderno puede llevarle a perder el sentido común. Tener una facultad, un don, ha dado paso a ser un superdotado como fin en sí mismo".

Honoré se ampara en metáforas del tipo padre quitanieves para definir a quienes marcan un camino perfecto en la vida de sus hijos. Se trata de la hiperpaternidad, algo que este autor ve reflejado en la actitud de los progenitores de Aelita. "Su caso es interesante. Subraya la obsesión de los padres por modelar y pulir a sus hijos, por explotar su talento hasta la última gota. Es el empeño por crear un niño diez. Aunque, por otra parte, ¿por qué negarle la posibilidad de ver sus obras en una exposición? Lo que pasa es que no se trata exclusivamente de la obra de una niña pequeñita. Alguien ha puesto a su disposición los materiales necesarios para ejecutarla, ha preparado las telas e impregnado el color de fondo de cada cuadro. De alguna forma, se ejerce una especie de dirección sobre ella".

Los padres se niegan a considerar que le presten ayuda de algún tipo. "Lo que sí hacemos es abrir los tubos de pintura, porque sus manitas no tienen todavía suficiente fuerza. Pero ella elige después cada color y lo esparce con sus manos, con sus pinceles y sus espátulas?. Michael Andre y Nikka Kalashnikova también ponen nombre a cada lienzo. Águila, Corona, La gran hormiga, Mi segunda primavera... Y proclaman: "Aelita ha echado por tierra el concepto del arte y amenaza a muchos creadores mayores que ella, de quienes estoy seguro que preferirían no tener que competir con una niña de dos años".

- ¿Qué están haciendo ustedes con el dinero recaudado tras las ventas de la exposición?

- Está guardado en un fondo destinado a su educación, para que haga uso de él cuando ella sea mayor.

"Mi hija volverá a coger el pincel mañana", sentencia con orgullo Kalashnikova. "Ahora está enfrascada en un cuadro muy grande. Y se prepara para su primera exposición individual, que se celebrará el próximo mes de abril en la misma galería". Algo que el director comercial de Brunswick Street Gallery, Mark Jamieson, ni confirma ni desmiente; simplemente, dice estar harto de todo esto. Para el psiquiatra infantil Rodríguez Sacristán, "a estas edades evolutivas resulta imposible predecir lo que pasará con ella; puede que continúe desarrollando un talento o que abandone totalmente la pintura".

Aelita, en cambio, no tiene nada que decir. Nada, al menos, que podamos entender. Se ha quedado dormida, ajena a todos los circos que crecen a su alrededor sin que ella lo sepa.



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